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BUSCANDO VIDA

Unos científicos están empleando el radiotelescopio gigante GBT para escudriñar una rica nube molecular de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Esperan descubrir moléculas complejas nunca antes detectadas en el espacio interestelar, que puedan ser precursoras de la vida.

 

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Nubes como esa contienen la materia primigenia para la formación de nuevas estrellas y planetas. Los científicos saben que, mediante complejos procesos químicos, se forman moléculas prebióticas en tales nubes, mucho antes de que las estrellas y los planetas se formen. Por eso, es factible que algunas de estas moléculas interestelares acaben alcanzando la superficie de planetas jóvenes, antes de que en éstos se desarrollen de manera autóctona moléculas de esa clase. Esta adquisición prematura de riqueza química gracias a materiales caídos del espacio, pudo haberse dado en la Tierra primitiva. Tal adquisición haría que en el planeta afortunado fuese más propicio o por lo menos más temprano el desarrollo de la química de la vida. Por primera vez, los científicos cuentan con la posibilidad de realizar una exhaustiva y metódica búsqueda de sustancias químicas en las nubes interestelares.

En los tres años anteriores, Anthony Remijan del Observatorio Nacional de Radioastronomía (NRAO, por sus siglas en inglés) y sus colegas, han empleado el GBT para descubrir diez nuevas moléculas interestelares, un logro inigualado en tan corto tiempo por cualquier otro equipo de astrónomos o telescopio.

Los científicos descubrieron estas moléculas buscándolas específicamente. Sin embargo, ahora están cambiando su estrategia, optando por lanzar una amplia "red" diseñada para "atrapar" cualquier tipo de molécula presente, sin saber de antemano qué van a encontrar. Además, los datos reunidos durante sus observaciones los están poniendo a disposición de la comunidad científica internacional, esperando acelerar con esto el proceso de descubrimiento de moléculas.

A medida que las moléculas rotan y vibran, emiten ondas de radio a frecuencias específicas. Cada molécula tiene un patrón único de tales frecuencias, llamadas líneas espectrales, que son como una huella digital que identifica a cada molécula. Los análisis de laboratorio pueden determinar el patrón de líneas espectrales que identifica a una molécula específica.

La mayoría de los descubrimientos en el pasado se produjeron identificando el patrón de la molécula en el laboratorio, y luego buscando este patrón de líneas espectrales con un radiotelescopio en una región concreta del espacio. Por este procedimiento se han encontrado más de 140 moléculas diferentes en el espacio interestelar.

En esta nueva investigación, se invierte el proceso. Los astrónomos emplearán el GBT para estudiar de modo meticuloso una nube de gas y polvo, encontrando todas las líneas espectrales primero, y luego tratando de cotejarlas con patrones moleculares empleando programas de minería de datos.

Los astrónomos realizarán un exhaustivo rastreo en la nube interestelar, en una amplia gama de radiofrecuencias, cubriendo desde los 300 megahercios hasta los 50 gigahercios. Esta técnica les permitirá descubrir moléculas que podrían quedar fuera del alcance de sistemas de búsqueda limitados a bandas más estrechas de frecuencias.

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